Instituto de la Naturaleza y la Sociedad de Oaxaca, A.C.

Apoyamos iniciativas concertadas y autónomas de bienestar social y conservación ecológica en Oaxaca desde 1991

AGUAXACA

Un enfoque integral de la cuenca del río Atoyac-Salado

Las ciudades de Oaxaca, como las de muchas otras partes de México y el mundo, no sólo están consumiendo irreversiblemente su patrimonio ecológico, sino que destruyen el de sus alrededores, y al provocar el abandono del campo y la excesiva concentración de recursos, gravitan negativamente sobre todo el ámbito rural. El caso de la ciudad de Oaxaca y los Valles Centrales ilustra con claridad la terrible asimetría entre el campo y la ciudad. En las últimas décadas, la otrora Verde Antequera ha ido engullendo su entorno rural a razón de mil hectáreas al año. Las consecuencias están a la vista: pérdida de monte y cultivos, desecación, desintegración social y productiva de las comunidades vecinas.

En el asunto fundamental del agua, fuimos perdiendo nuestra relación histórica y natural con ella, debido a la generalización del agua entubada y el drenaje, y la política actual sobre el agua no puede ser más absurda: traer el líquido a la ciudad, almacenarlo y distribuirlo es cada vez más costoso en términos económicos y ambientales, y mientras algunos la desperdician, otros hacen largas colas para conseguirla. En la propia red se fuga casi la mitad del agua que se transporta y en los hogares llega a gastarse 40% sólo en movilizar desechos humanos. No obstante, se plantean obras de ingeniería cada vez más costosas para abastecer de agua a la ciudad. En cambio, el agua de lluvia, que debería ser suficiente, no es captada sistemáticamente y casi nada se hace para mantener las “esponjas” naturales que representan los bosques de la sierra. Proteger esta fuente de agua es infinitamente más barato desde los puntos de vista económico, ambiental y social. Por el lado del drenaje, no es exagerado decir que la situación es de emergencia: las aguas negras de la ciudad de Oaxaca no reciben tratamiento alguno y son echadas sin más a ríos y arroyos. Los severos impactos de salud, ambientales y económicos, son ilustrados en que el Rio Atoyac es considerado uno de los más contaminados del país. Y las grandes plantas de tratamiento, caras e ineficientes, no parecen ser opciones razonables.

Sin embargo, estamos aún a tiempo. El tamaño de la ciudad, las condiciones naturales y las tradiciones de sus habitantes hacen posible proyectar opciones distintas, integrales y participativas, en relación con el agua. De eso se trata Aguaxaca, una estrategia integral, de concertación entre la sociedad civil, los tres niveles de gobierno, grupos privados y comunidades, con una perspectiva de cuenca, de modo que logremos conservar los procesos naturales de la región y al mismo tiempo dar opciones de mejoramiento social a sus habitantes, tanto las comunidades rurales como los citadinos. Con base en lo ya realizado y las experiencias de otros lados, especialmente la del río Manialtepec, se propone un programa de regulación ecológica de la cuenca, con énfasis en la sierra de San Felipe y las riberas del Río Atoyac, basado en nuestras cuatro líneas de acción.

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